4 formas de combatir la obsolescencia programada

obsolescencia programada

Los productos electrónicos traen enormes beneficios para la sociedad, nuevas oportunidades de desarrollo, ayuda para enfrentarnos a desafíos climáticos y sanitarios así como mejoras en la innovación, ciencia y educación. Sin embargo, traen asociada consigo una amenaza real y muy grave: la obsolescencia programada.

Esto es, la programación del fin de la vida útil de los productos electrónicos: se fabrican pensando en su fecha de caducidad al cabo de X años.

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Montañas de basura e-waste. Fuente: retema.es

En el artículo La obsolescencia programada o por qué tu móvil tiene fecha de caducidad encontrarás más información sobre qué es la obsolescencia programada, qué tipos existen y algunos ejemplos.

¿Por qué existe la obsolescencia programada?

Para el sistema actual de producción supone una gran cantidad de beneficios económicos, ya que la sociedad se encuentra continuamente renovando estos productos.

Unido a la falsa necesidad de estar siempre a la última que fomentan algunos mensajes publicitarios y a las escasas (y poco visibles) opciones para reparar, resultan la combinación perfecta para que la rueda económica del capitalismo no se detenga.

Sus consecuencias ambientales son de enormes proporciones, no solo por el aumento de las emisiones de CO2 y del uso masivo de materias primas y tierras raras, si no también porque la mayoría de los residuos acaban en montañas de basura.

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Reciclador de e-waste en Ghana. Fuente: La Vanguardia

Según datos del informe The Global E-Waste Monitor 2020, en 2019 se recogió y recicló el 17,4% de los residuos electrónicos a nivel mundial, lo que significa, que el otro 82,6% fueron desechados en vertederos.

Este estudio también señala que se trata de una problemática a nivel global, pues Asia es el mayor productor de residuos e-waste (24,9 Mt), seguido de América (13,1 Mt), Europa (12 Mt), África (2,9 Mt) y Oceanía (0,7 Mt).

Dentro de Europa, España se encuentra entre los 5 países que más generan residuos electrónicos (20-25 kg de e-waste per cápita), junto con Francia, Reino Unido, Noruega, Suecia o Finlandia.

Sin embargo, como consumidores críticos y conscientes podemos combatir la obsolescencia programada de varias maneras. A continuación te contamos 4.

1. La información es poder

Conocer las opciones para reducir, reparar y reutilizar antes que reciclar o desechar es lo primero que un consumidor responsable debe saber.

En caso de reciclar o desechar, se deberá hacer de forma correcta. Pero en relación a la basura electrónica, existe una gran confusión y desinformación sobre cómo manejar estos residuos.

En muchas ocasiones se tiran a la basura «normal» materiales que deben ser separados y tratados de forma especial, dado que contienen algunos componentes tóxicos.

La mejor forma de deshacerse de productos electrónicos es a través de los Puntos Limpios, que son lugares especialmente habitados para su correcta gestión. En esta web, podrás encontrar el más cercano a tu localidad.

2. Alargascencia, el directorio de establecimientos a nivel nacional

Alargascencia es un proyecto de la ONG Amigos de la Tierra donde aparecen los establecimientos para reparar, alquilar e intercambiar objetos así como comprar productos de segunda mano a lo largo del territorio nacional.

3. Reparar antes que tirar

La nueva modificación de la Ley de Consumidores, que entrará en vigor el 1 de enero de 2022,  amplía la garantía de los bienes a 3 años y los fabricantes estarán obligados a reparar sus productos durante 10 años desde el momento en el que se dejan de fabricar.

De esta manera, el Gobierno plantea acciones concretas en el camino hacia la economía circular, poniendo sobre la mesa más opciones para que los consumidores puedan reparar sus bienes antes que desecharlos y alargando así, la durabilidad de los productos. Desde la asociación, apoyamos y defendemos el derecho de los consumidores a poder reparar y a elegir esta práctica antes que comprar un producto nuevo y desechar el que se tiene.

Además de esta acción, diferentes organizaciones y asociaciones llevan años movilizándose para luchar contra la obsolescencia programada de los productos, como es el caso de los Repairs Café, un lugar para donde trabajan personas  voluntarias expertas en reparar diferentes objetos: ropa, muebles, aparatos electrónicos y eléctricos, juguetes, bicicletas, etc.

O de la Fundació Deixalles en Palma de Mallorca, que recoge aparatos electrónicos «viejos u obsoletos» y son reparados por personas en proceso de reinserción laboral. A continuación, estos productos se ponen a la venta como segunda mano.

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Taller en Palma de Mallorca de la Fundació Deixalles. Fuente: deixalles.org

4. Adquirir productos atemporales y no dejarse llevar por las tendencias

Las modas son pasajeras, sin embargo si se compran productos que se necesitan o que realmente nos gustan, los utilizaremos por mucho tiempo, por lo que evitaremos desecharlos cuando la moda pase.

Los productos de comercio local o hechos de forma artesana son productos de mejor calidad que aquellos producidos de forma industrial; son originales ya que se trata de piezas exclusivas y la mayoría son fabricados en España, respetando las condiciones laborales.

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Feria de Artesanía de la Comunidad de Madrid. Fuente: Cadena Ser

La obsolescencia programada es uno de los peores enemigos de la economía circular, ya que persigue objetivos totalmente opuestos.

Mientras que la economía circular se centra en convertir residuos en recursos, la obsolescencia programada fomenta la producción de más residuos y el consumo continuo de nuevas materias primas.

Desde ADICAE ponemos a tu disposición diferentes guías y material gratuito para crear consciencia en las compras del día a día. En esta web, puedes descargarte de forma gratuita diferentes guías sobre economía circular en PDF.

Además, en nuestra agenda puedes consultar los diferentes eventos sobre economía circular que llevamos a cabo a lo largo del territorio nacional.

La obsolescencia programada o por qué tu móvil tiene fecha de caducidad

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La obsolescencia programada es la característica de un objeto a volverse obsoleta después de un número de usos, meses o años. 

La obsolescencia acorta la vida útil de un producto volviéndolo inservible o inadecuado a circunstancias y modas. Pero esto no es una cualidad innata de los bienes, va mucho más allá. 

La mayoría de empresas programan la vida útil de sus productos para que se estropeen o pasen de moda al cabo de cierto tiempo y así, asegurar la continua demanda. 

Es una de las mayores estafas legales que existen ya que venden productos condenados a morir. ¿Por qué las baterías de los móviles comienzan a fallar al cabo de 2-3 años? ¿Por qué muchos electrodomésticos como neveras o lavadoras dan problemas una vez se pasa la garantía? ¿Y las actualizaciones de los software que no son compatibles con versiones previas de ordenadores y móviles? Así podríamos seguir, porque lamentablemente no se trata de una práctica reducida a una empresa o industria sino que forma parte del sistema económico y social actual.

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Algunos ejemplos que podemos encontrar en el día a día

¿Sabías que en los años 20 las medias de nailon eran irrompibles? Sus fabricantes se dieron cuenta de que las ventas bajaron y por eso acordaron hacerlas mucho más finas, el resultado, medias que se rompen a los 3 usos. 

¿Alguna vez has comprado una lámpara con luces LED integradas? La gran sorpresa te la llevas al cabo de un par de años cuando por una parte, las luces se funden y por la otra, cuando no puedes cambiarlas por otras. 

De esta forma, el sistema obliga a consumir una y otra vez, comprando los mismos productos mejorados. Lo que nos hace entrar en un círculo muy peligroso (y que está normalizado): comprar-usar-tirar-comprar-usar-tirar…

Cuando un aparato se estropea podemos intentar arreglarlo. Y decimos intentar porque los fabricantes suelen complicarlo para que la reparación de una lavadora ronde los 200€ (entre mano de obra, piezas…) y comprar una nueva salga en 300-400€. 

Esto nos deja una sencilla fórmula: aparatos programados para dejar de funcionar + reparación costosa = continua demanda y consumo. 

A continuación, te contamos cómo algunas empresas manipulan sus productos (y también a las personas). 

Tipos de obsolescencia programada o lo que es lo mismo, 3 formas diferentes de engaño

La obsolescencia programada no solo tiene que ver con que un producto deje de funcionar, también está relacionada con la percepción que tenemos de ellos. Así, distinguimos 3 formas de obsolescencia

  • La obsolescencia de función o tecnológica: sucede cuando se pone a la venta un producto más avanzado que el que está en el mercado. 
  • La obsolescencia de calidad o incorporada: después de un número de usos, el aparato presenta fallas y comienza a funcionar peor (más lento, se queda colgado, etc.).
  • La obsolescencia de deseo o psicológica: es parecida a la tecnológica, solo que esta vez se apela al estilo o a una moda. Es muy común en el sector textil y tecnológico. 

El ejemplo más claro puede ser Apple: sacan versiones mejoradas de sus productos cada año. Aunque este avance sea mínimo, han conseguido transmitir a su público la necesidad de cambiar su iPhone o sus Airpods, ya sea por tener «lo mejor del mercado» (tecnología) y el «diseño más bonito» (moda).

Esta es la base y filosofía del capitalismo, la obsolescencia programada responde a los deseos de la industria de consumo infinito y de algunas personas de obtener lo último para sentirse más seguras. 

Muchas personas sienten que si no están en las últimas tendencias del mercado, van a ser excluidas del sistema y de la sociedad. Así, se genera el deseo de comprar productos que no necesitan y se normaliza el «derecho» a desechar cualquier cosa que no sirva, antes de intentar repararla. 

¿Y qué ocurre con todos esos móviles que ya no usamos? ¿Y con los electrodomésticos pequeños? «Alguien se ocupará de ellos, ¿no? Para eso existen las plantas de reciclaje» La respuesta a continuación.

Las montañas de basura y las graves consecuencias de la obsolescencia programada 

Como ya hemos comentado, la obsolescencia programada nos obliga a comprar cada cierto tiempo un producto nuevo o similar y tirar el que teníamos. 

Si la reparación resulta más costosa y engorrosa que comprar uno nuevo, el mercado garantiza un consumo infinito al haber siempre demanda. 

Está claro que el gran beneficio se lo lleva la economía y las empresas fabricantes que se lucran de esta mala práctica.  

El aumento de la investigación y la innovación también se puede ver como algo positivo. Sin embargo, ¿Cuál es la lógica de destinar recursos a crear aparatos programados para morir? ¿Tiene algún sentido para la mayoría de la población? 

Resulta inútil y absurdo teniendo en cuenta el gran problema de generación de residuos y contaminación actuales.

Las empresas afirman que gestionan sus residuos de forma correcta, sin embargo, hay montañas de electrodomésticos imposibles de reciclar. Y muchas veces acaban en países como China, India o Nigeria. Estas montañas de basura son insalubres para las personas y para el medio ambiente, porque muchos aparatos como televisores, móviles o neveras tienen componentes tóxicos, como el plomo.

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Fuente: infovaticanaverum.es

Según el estudio Global E-Waste Monitor 2020, hecho por Naciones Unidas, 53,6 millones de toneladas de residuos electrónicos se generaron en el mundo en 2019. Lo que equivale a unos 7,3 kg de desechos por persona. 

El mismo estudio señala el potencial de la economía circular en el aprovechamiento de los residuos electrónicos para evitar desechar semejante cantidad de e-basura

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Fuente: Global E-Waste

Además de la enorme cantidad de residuos generados, no podemos olvidar que para fabricarlos se necesitan materias primas. 

Otro de los principales problemas de la obsolescencia programada es el consumo de recursos y materias primas que no son infinitas y que se están explotando por encima de su nivel de recuperación. 

¿Existe alguna regulación ante esta mala praxis?

En España, la obsolescencia programada se recoge en el Real Decreto 27/2021. Sin embargo, se hace de una manera incompleta y que no aborda todas sus graves consecuencias, lo que hace que esta práctica no sea ilegal. 

Esto no quiere decir que sea moral. Desde ADICAE queremos daros herramientas a los consumidores y consumidoras para que seáis responsables con vuestras compras, pero también para que no caigáis en el engaño del capitalismo. 

«Comprar-tirar-comprar»: el mejor documental sobre la obsolescencia programada

Este documental emitido por RTVE muestra -tras 3 años de investigación- los graves problemas de la obsolescencia programada y lo que significa para el consumo a día de hoy. 

«Cuando comencé a interesarme por el tema pensaba encontrar algunas empresas que utilizaban esa práctica para ganar más dinero, pero me di cuenta de que se trata de algo sistémico, que toda nuestra economía depende de ella. Parece que si no existiese ese crecimiento nos volveríamos pobres, que no tendríamos trabajo, casi como una vuelta a la Edad Media… Pero no es verdad. Ha habido otros sistemas antes y habrá otros después»

Cosima Dannoritzer, Directora del documental

Si te interesa, puedes verlo aquí

También queremos mostrarte esta iniciativa de Amigos de la Tierra. Un proyecto llamado Alargascencia y que es un directorio de establecimientos separados por provincias, donde podemos reparar, alquilar, comprar, intercambiar o vender productos de segunda mano. Sin duda una gran alternativa ante la obsolescencia programada y la gran industria.

Resumen de la jornada nacional sobre economía circular

El pasado jueves 03 de diciembre tuvo lugar la jornada nacional sobre economía circular de ADICAE. La misma, que se celebró únicamente en forma de videoconferencia, contó con la participación de diversos expertos en sostenibilidad, en alimentación, en consumo, en obsolescencia programada y en las distintas técnicas de lavado de imagen que desarrollan las empresas. Tanto es así, que hasta se sumó la directora general de Consumo del propio Ministerio de Consumo.

En la presentación, tanto Antonio Pulido, vicesecretario de ADICAE, como Geraldin Cedeño, coordinadora del proyecto de economía circular, hicieron hincapié en el valor que ADICAE otorga al fomento de un consumo mucho más sostenible y responsable. Por eso mismo, la asociación lleva desde 2015 participando con actividades y proyectos sobre la economía circular.

Si bien, fue el presidente de ADICAE, Don Manuel Pardos, quien expuso las principales líneas de actuación de ADICAE: «Fomentar la salud del planeta, lo que pasa por la economía circular, un nuevo modelo económico que debería imponerse tras la pandemia». El propio Manuel Pardos fue un poco más allá al matizar que serán clave «la agricultura de proximidad o la rebaja del uso de los plásticos y lograr una alimentación sana para todos los consumidores y no solo para unas élites».

Acto seguido tomó la palabra Doña Bibiana Medialdea, directora general de Consumo del Ministerio de Consumo, para explicar que «las decisiones de consumo tienen una base colectiva y las políticas públicas son clave para ayudar a la economía circular», en ese sentido, destacó también que «las actividades de ADICAE son muy útiles para fomentar un consumo responsable».

Diálogo 1: Qué consumidores han surgido durante la pandemia. Papel de la economía circular y los nuevos consumidores tras la crisis de la Covid-19

La primera mesa comenzó con la intervención de Brenda Chávez, periodista especializada en consumo, sostenibilidad y cultura, quien expuso las claves del nuevo consumo: «Ahora los consumidores priorizan el ahorro y compran solo lo que necesitan, además, se fomenta el reparar antes que comprar y el reducir los desperdicios». Tampoco dejó de lado la que es, tal vez, la nueva tendencia del consumo, «en cuanto a la tecnología, estamos totalmente digitalizados cuando hacemos nuestras compras».

A continuación fue el turno de Alfonso Lacuesta, agente de innovación e Ingeniero Técnico agroalimentario, que se encargó de poner el foco en la alimentación: «La Covid-19 es una zoonosis, enfermedad provocada por un animal. Esto se debe a que estamos jugando con fuego con nuestro modelo alimentario. No todo es comestible y el modelo alimenticio que tenemos actualmente no tiene futuro». Así las cosas, propuso una serie de medidas, entra las que destacó «la creación de un Lobby de consumo que se dedique a presionar a las empresas y a las instituciones», ya que, según él, «un consumidor de forma individual no puede cambiar el modelo de consumo».

Mercedes Herranz fue la última ponente de la primera mesa de debate, ella es bióloga especializada en economía circular y miembro del Consejo General de ADICAE en la Comunidad Valenciana. Su visión cambió un poco la tónica del diálogo, pues se centró en los propios consumidores: «Tenemos que tomar conciencia de las compras que hacemos y cómo las hacemos. Hay que reducir las entregas express que tanto contaminan, fomentar lo local en vez de a las multinacionales y apoyar las iniciativas surgidas durante la pandemia». Su conclusión, demoledora, marcó a todos los asistentes, «no tiene sentido que comer barato y saludable sea más caro que comer alimentos grasos y nocivos».

Diálogo 2: Cómo hacer accesible las ventajas de la economía circular a TODOS los consumidores

Antes de la intervención de los ponentes, Antonio Pulido realizó una breve introducción, en la que especificó que «el mayor reto es hacer accesible las ventajas de la economía circular a todos los consumidores, ya que actualmente es un movimiento un poco elitista». Posteriormente explicó que, en su opinión, eso pasa por «mejorar la formación sobre economía circular, lograr que los productos saludables sean accesibles para todos los bolsillos y presionar a las empresas e instituciones».

La primera ponencia corrió a cargo de Pablo Herrero Calva, ingeniero técnico agrícola y presidente de la Asociación Efecto Ecológico, cuyo vértice fue la producción: «Se está provocando una deshumanización por la tecnología, de forma que haya más producción y menor coste. Todo ello a costa de reducir la calidad de los alimentos». Eso sí, no quedó ahí la exposición, pues el propio ponente explicó la alternativa, «hace falta un modelo que no piense en la rentabilidad, un intercambio leal entre los productores y consumidores».

A continuación fue el turno de María Diago Giraldós, bióloga y ex-directora General de Cambio Climático en la Generalitat Valenciana, quien revolucionó con «Sustentable, una guía gastrónómica de restaurantes sostenibles que lucha contra el cambio climático». Mas allá de este objetivo principal, este proyecto también buscaba dar a conocer que «consumir productos frescos, locales y de temporada ayuda a desacelerar la pérdida de biodiversidad». Hablamos de una guía con información real y concreta que libere a los consumidores de ser «bombardeados y martilleados por la publicidad que determina la manera en que éstos consumen».

Vicenta Baeza es profesora asociada en la Universidad de Alicante en el grado de Publicidad y RRPP y socia y colaboradora de ADICAE, además de la siguiente en intervenir. Se centró en el lavado ecológico de las empresas en relación con los consumidores: «El sistema capitalista genera desperdicios y agotamiento de los recursos y el consumidor está sensibilizado sobre ello. Por eso, las empresas tienden a enmascarar sus actividades poco sostenibles y se intentan vender como ecológicas». La solución, según la propia Vicenta Baeza, es recurrir «a la crítica y el raciocinio para no creernos todo lo que las empresas nos intentan colar».

El último en participar en este debate fue José Manuel Vega, divulgador de la obsolescencia programada, para introducir el concepto de obsolescencia psíquica, eso es, «cambiar un producto que no esté de moda o uno que disponga de nuevas versiones posteriores en el tiempo aunque funcione sin problemas». Para luchar contra ello, «debemos fomentar la toma de conciencia colectiva, sobre todo en niños, optar por la reparación, exigir repuestos, que haya servicios técnicos o disponer de la documentación sobre los productos», finalizaba José Manuel Vega.

Diálogo 3: Escenarios futuros de consumo sostenible entre los consumidores. Nuevos desafíos para que los consumidores no se queden rezagados

Antes de pasar al debate, su moderador, Antonio Berrueta, remarcó que «cuando ADICAE hace referencia a la economía circular no se refiere únicamente a la alimentación, sino a todo el consumo en general». Como un marco de consumo que es, «la economía circular tiene que pertenecer a los consumidores, no a la administración y empresas».

La primera ponente en intervenir en la mesa final de conclusiones fue María Jesús Blanco, economista, socia e integrante del grupo de alimentación y economía circular de ADICAE en Alcalá de Henares, quien, como consumidora, aportó dos claves: «Cuando el consumidor va a comprar y ve tanta certificación se acaba liando. A nivel europeo esto se tiene que unificar y que sea más claro. Además, es vital organizarnos para hacer presión a las instituciones y que exista un plan de acción sobre la economía circular».

Frederic Moreno, profesor de orientación laboral, socio e integrante del comité de economía circular de AICEC-ADICAE en Cataluña, aclaró que «las entidades financieras juegan un papel fundamental en el financiamiento de las actividades de economía circular», por eso mismo, ADICAE «tiene que presionar al gobierno para que obligue a la banca a financiar actividades sostenibles y que ésta no deje de lado a las pequeñas y medianas empresas».

El cierre tuvo lugar con la última intervención de Don Manuel Pardos, presidente de ADICAE, al explicar que «tenemos un proyecto claro y de mucha historia. No somos una asociación ecologista, somos una asociación de defensa de los consumidores que prentende integrarse en el ámbito de la economía circular». ADICAE es una asociación de más de 30 años de historia que lucha por un consumidor crítico, responsable y solidario. Esa es, sin ir más lejos, su mayor fuerza.

Próximamente se incluirá un vídeoresumen de la jornada nacional en la página web y se subirá también a la cuenta de YouTube de ADICAE.