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Ejemplos de obsolescencia programada que han sido ratificados: de Apple a los cartuchos de tinta

En Otro Consumo Posible ya te hemos contado lo qué es la obsolescencia programada y cómo reconocerla, pero siempre es más fácil contextualizar una idea con algunos ejemplos.

La obsolescencia acorta la vida útil de un producto volviéndolo inservible o inadecuado a circunstancias y modas. Pero esto no es una cualidad innata de los bienes, va mucho más allá. La mayoría de empresas programan la vida útil de sus productos para que se estropeen o pasen de moda al cabo de cierto tiempo y así, asegurar la continua demanda.

Porque sí, a veces parece lanzarse el mensaje de que es algo residual o que no usan las grandes empresas. Por desgracia, aunque la legislación y la concienciación ha cambiado, se han dado varios casos ratificados por los tribunales que han dejado clara si existencia.

Aquí tienes algunos productos que suelen ser víctimas de la obsolescencia programada y compañías que han sido juzgadas por ampararse en ella.

1- iPhones ralentizados

Uno de los casos más famosos de obsolescencia planificada viene de la mano de una de las mayores empresas del mundo, Apple.

En 2018, los fiscales franceses denunciaron a la compañía. Según la legislación francesa y europea, es un delito acortar intencionadamente la vida útil de un producto. Como resultado, Apple tuvo que pagar una multa de 27 millones de dólares. Poca cosa, teniendo en cuenta lo que generan.

Apple admitió que los modelos más antiguos de iPhone se ralentizaban a través de las actualizaciones de software, aunque afirmó que esto se debía a la disminución del rendimiento de la batería y no al software. Muchos usuarios de iPhone compartieron detalles sobre la lentitud de sus teléfonos.

Apple no obstante rectificó. Rebajó los precios de sus baterías de repuesto para que los teléfonos fueran más rápidos con el nuevo software, y se comprometió a hacer más en el futuro para garantizar que los teléfonos no volvieran a ser más lentos. Sin embargo, la sombra de la sospecha siempre ha estado rondado a la compañía de Cupertino por su costumbre de lanzar un iPhone cada año.

2- Cartuchos de tinta inalterable

A veces hasta se hacen chistes con que la tinta de las impresoras domésticas cuestan más que las propias impresoras. La pena es que muchas veces no es un chiste.

Incluso hay algunos cartuchos de tinta con chips inteligentes que desactivan el cartucho de tinta cuando los niveles de tinta son bajos. Esto significa que es posible que no lleguemos a utilizar toda la tinta que ha pagado. Puede que haya suficiente tinta para imprimir, pero el cartucho no lo permitirá en un esfuerzo por mantener el control de calidad.

También existen cartuchos que no pueden ser recargados, y otros que solo pueden ser recargados con cierta tinta, o por ciertos minoristas. Con tanto gasto en la fabricación de cada cartucho de tinta, y tantos residuos, estos productos no solo son caros, sino que también son terribles para el medio ambiente.

3- Libros de texto escolares modificados mínimamente

Cada año, miles de padres deben comprar libros a sus hijos. Aunque existen programas de intercambio de libros en muchos colegios, se ha detectado que muchas veces se producen pequeños cambios mínimos que, por apenas unos párrafos o ilustraciones no sustanciales o no requeridas por cambios curriculares, obligan a sacar una nueva edición.

Este caso es importante porque puede que te imagines que la obsolescencia programada solo se aplica a la tecnología, pero no es así.

4- Actualizaciones anuales en los coches

Los fabricantes de automóviles utilizan la obsolescencia programada de muchas maneras, y no es casualidad que saquen un nuevo modelo casi cada año.

Cuanto más antiguo sea tu modelo de coche, menos probable será que encuentres las piezas necesarias para repararlo, y esto suele deberse a que el fabricante deja de fabricar la pieza.

Muchos de los modelos nuevos no ofrecen mucho más que actualizaciones cosméticas. A menudo cambian las piezas de año en año, incluso si esas piezas funcionan bien.

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