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La distribución alimentaria empuja a los consumidores a desperdiciar alimento

Hoy, miércoles 29 de septiembre, es el Día Internacional de concienciación sobre la pérdida y el desperdicio de alimentos, día designado por la ONU para reducir la pobreza, el hambre y ayudar a combatir el cambio climático. Según el informe sobre el desperdicio alimentario en los hogares en el 2020 realizado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, los hogares españoles vertieron 1.362 millones de kg-l de alimentos y bebidas.

Los hábitos han cambiado respecto al año 2019, ya que debido a la pandemia hemos permanecido un mayor tiempo en nuestras casas. Eso ha causado que el 75,3% de los hogares tira productos tal y como lo compraron, esto equivale a que 3 de cada 4 hogares desperdicia alimentos sin cocinarlos siquiera. Un fenómeno preocupante. Es cierto que el porcentaje de alimentos desperdiciados está en el 4,3%. Pero, al final, los consumidores siempre se ven obligados a no aprovechar todo lo que compran.

Cuando hablamos del desperdicio de los alimentos, no solo nos referimos a tirar la comida que nos ha sobrado en el plato, sino que la durabilidad de los alimentos tiene un fin y muchas veces ni nos acordamos lo que teníamos en la nevera o en la despensa. Los consumidores tratan de prever la alimentación a varios días vista, y es habitual tener todos los armarios y la nevera llenos, sin pensar en si realmente dará tiempo a consumir esos productos.

Los productos frescos como las frutas y las verduras suponen el 45% del volumen de producto sin utilizar que tiramos a la basura. Aquí hay que decir que los supermercados fomentan ese fenómeno. Los lineales rebosantes de alimento hacen que nosotros, los consumidores, nos veamos abocados a comprar un gran número de alimentos sin necesidad inmediata de consumirlos. Existen ofertas que hacen que se compre más comida de la imprescindible y esto hace que el desperdicio alimentario aumente, ya que muchas veces se compra más cantidad de productos por las ofertas antes de por la necesidad de consumirlos.

Al final, las estrategias de marketing de la distribución alimentaria provoca que los hogares se llenen de alimentos, que la mayoría no van a ser consumidos, sino que van a ser tirados a la basura pasadas unas semanas. Pero, claro, era una oferta que no podíamos dejar pasar, y nos obliga a cocinar más de lo necesario. El informe del Ministerio confirma que el desperdicio de alimentos cocinados o procesados en el hogar aumenta un 57,4% respecto al 2019, esto implica que 3 de cada 10 hogares tira parte de los platos que prepara.

Los consumidores tratan de aprovechar al máximo todo lo que cocinan. El 56% de las casas suele congelar parte de lo que ha cocinado. Sin embargo, al final hay épocas del año en las que este esfuerzo es más difícil. Los meses de verano se produce una mala gestión en el uso de los alimentos debido a diversos factores como el calor, que afecta a la durabilidad de los alimentos, las vacaciones y que estamos más tiempo fuera de casa que en invierno. Eso, y las estrategias de venta de las grandes cadenas comerciales, ocasionan que en la primavera–verano de 2020 se hayan arrojado a la basura un 35,8% más de platos que en la temporada de invierno.

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